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INTRODUCCION

Un libro con distintas facetas, primer poemario escrito por Pancara entre los 15 y los 18 años, se presta a un juego amplio de interpretaciones múltiples, como es el caso del primer poema “La Moza” que parecería el pensamiento de un amante, pero es la añoranza de un preso por su libertad. Es una muestra de lo que la mente puede hacer con sus estados de ánimo y sus sentimientos.

Un poemario para disfrutar de los propios estados de animo que plantea conflictos sociales, familiares y amorosos. Incluye dibujos.

POEMAS

LA MOZA

Al caminar por tu calle
olvidé de repente tu nombre;
y tu sonrisa me siguió hasta la esquina
sin despedirse.

Vi tu balcón de nostalgias vacío
y me llené de tu ausencia,
ni el viento visitaba ya tu silencio,
supe que estabas dormida.

La luz de la media tarde
me acompañaba a extrañarte de cerca
y le tuve celos al gato de tu tejado
una vez más.

Quisiera haber sido hiedra
para pegarme a tu nido -pensé-
y sin quererlo te regalé otro suspiro,
¡Cuánto más te esperaré!

Puedo entregarte mi tiempo
y llevarte a pasear al río;
caminar por los senderos del destino,
si te encuentro.

Voy a tratar de inventarte,
aunque ya hayas existido;
blanca paloma de la avenida Libertad
sólo puedo seguirte esperando...

LA FELICIDAD

La felicidad
no es un estado,
es una actitud;
la felicidad
no es una meta
sino un camino.

La felicidad
no llega ni se va,
está
y tal vez no se la ve
pero se la tiene.

La felicidad
no se da,
se comparte;
la felicidad
no es el propósito de la vida,
es su forma más simplificada.

La felicidad
no es tenerlo todo,
es apreciar lo que se tiene;
No es prometer
sino creer.

La felicidad
no empieza ni termina,
no cambia nunca;
no se gana ni se pierde.

La felicidad
se lleva dentro.

CUENTO PARA UNA ARDILLA

Un payaso me dijo,
que en las flores
viven niños
chiquititos como yo.

Que en las noches
se apaga la luz
para que jueguen
las luciérnagas.

Me contó que en su nariz
ocultaba un chocolate
y que en su zapato
vivía un ratón.

Ese payaso me dijo
que no existía el amor;
me mostró algunos cometas
y me cantó una canción;
me regaló una sonrisa rosada
con los bordes de carbón.

El payaso del que hablo
había perdido el corazón
y yo que busqué en sus bolsillos
creo que tenía razón.

Mi payaso era de mimbre
con relleno de algodón;
usaba guantes de colores
con bordados y con flores
de acuerdo a la ocasión.

Me mostró una foto vieja
de su pobre corazón
y si no puedo encontrarlo
voy a pedirle a mi estrella
que le tenga compasión;
que le dé uno a él también
para que pruebe el amor.

 

 

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